Qué salió mal
Las marcas australianas de protectores solares se enfrentan a una regulación más estricta tras un escándalo de pruebas de consumidores. Un informe del grupo de defensa Choice encontró que 16 de los 20 protectores solares populares que analizó no ofrecían el nivel de protección que afirmaban sus etiquetas. Varios productos fueron retirados de las estanterías, y la confianza en un producto que los australianos usan a diario recibió un duro golpe.
Australia tiene una de las tasas más altas de cáncer de piel del mundo, y el protector solar se trata como una herramienta de salud pública más que como un cosmético. Eso convierte un número de SPF poco fiable en un problema de seguridad, no de marketing.
Las normas propuestas
La Administración de Productos Terapéuticos anunció reformas que obligarían a las marcas a probar el producto terminado antes de comercializarlo, en lugar de solo la fórmula base. Los proveedores también tendrían que volver a hacer pruebas periódicamente a lo largo de la vida útil del producto y facilitar datos de pruebas de SPF al regulador de forma confidencial antes de que el producto salga al mercado.
Según las normas actuales, los fabricantes no están obligados a entregar los datos de las pruebas a menos que el regulador los solicite. Las marcas de protectores solares cosméticos también se enfrentarían a límites en las afirmaciones de SPF que pueden hacer, para que los compradores puedan distinguir entre productos concebidos para la protección UV y cosméticos en los que la protección solar es una función secundaria.
"Los australianos esperan que el SPF de la etiqueta esté respaldado por pruebas sólidas", dijo la médica jefa de la TGA, Robyn Langham. Afirmó que las reformas buscan que las afirmaciones de SPF sean más fiables y dar a la agencia un acceso más rápido a las pruebas cuando surjan dudas.
La brecha que queda
La TGA dijo que los cambios se introducirán por etapas, con más consultas cuando sea necesario. También indicó que no comprobará de forma rutinaria los datos de las pruebas de SPF antes de que un producto llegue a las estanterías, lo que deja al sistema dependiendo de una autodeclaración precisa respaldada por la amenaza de una auditoría posterior.
Los grupos de consumidores han acogido con satisfacción los requisitos de pruebas, pero quieren controles aleatorios. Los dermatólogos dicen que el consejo práctico no ha cambiado: usar suficiente protector solar, reaplicarlo cada dos horas y tratar cualquier etiqueta como una afirmación que hay que comprobar y no como una garantía. Está previsto que la consulta sobre los detalles de las reformas se celebre antes de que entre en vigor la primera etapa.