Los incendios siguen ardiendo hasta octubre
La peor temporada de incendios de Indonesia en más de una década continúa hasta octubre, con incendios en turberas y tierras agrícolas que envían humo espeso por Borneo, Sumatra y más allá. El monitoreo satelital ha registrado más de 23.000 puntos críticos de incendios en ocho meses, y la agencia meteorológica nacional BMKG dice que la actividad de incendios de este año ya superó los niveles de 2015.
Las autoridades sanitarias han reportado más de 170.000 casos respiratorios vinculados a la neblina. Más de 12,5 millones de personas en siete provincias han estado expuestas a aire contaminado, y el humo ha llegado a Malasia, Singapur y Filipinas, donde se han interrumpido escuelas y eventos al aire libre.
Por qué este año es tan malo
Un fuerte El Niño ha traído una larga sequía a la región, secando suelos de turba ricos en carbono que arden bajo tierra y son difíciles de extinguir. Los agricultores que limpian tierras con fuego agravan el problema. Indonesia ha realizado repetidas operaciones de siembra de nubes, algunas con ayuda de las Fuerzas de Autodefensa de Japón, y ha desplegado miles de efectivos para combatir las llamas.
Los grupos conservacionistas han usado la crisis para impulsar una demanda contra empresas a las que acusan de no prevenir incendios en sus concesiones. La quema de turba también libera grandes volúmenes de dióxido de carbono y amenaza hábitats, incluidos los del orangután de Borneo, en peligro crítico.
Qué viene después
Los meteorólogos esperan que las condiciones secas duren hasta noviembre, lo que significa que la neblina podría empeorar antes de que llegue el monzón. Los gobiernos regionales están reactivando un acuerdo de 2002 sobre la neblina transfronteriza que no tiene mecanismo de aplicación. Los diplomáticos en Kuala Lumpur y Singapur han pedido a Yakarta datos más rápidos sobre los puntos críticos, mientras Indonesia dice que su prioridad es extinguir los incendios y proteger al público.
Para millones de personas en toda la región, la pregunta práctica cada mañana es la misma: si el aire está lo suficientemente limpio para enviar a los niños a la escuela. Los médicos dicen que las mascarillas ayudan pero no son una solución, y que la exposición repetida durante meses conlleva riesgos que se manifestarán mucho después de que los incendios se apaguen.