Registros coloniales versus carbono
La mayor parte de lo que los historiadores saben sobre el imperio inca proviene de relatos españoles escritos tras la conquista, y de registros llevados por descendientes incas en las décadas posteriores. Esas fuentes establecen una secuencia ordenada de emperadores y campañas. También fueron escritas por personas con razones para adular o culpar a gobernantes concretos.
La datación por radiocarbono ofrece un reloj independiente. Una nueva campaña publicada en el número de esta semana de Science aplicó espectrometría de masas con acelerador a material de muchos sitios a lo largo del Qhapaq Ñan, la red vial que conectaba el imperio desde lo que hoy es Colombia hasta el centro de Chile.
Qué muestran las fechas
Los resultados no son una pequeña corrección. Como resumió Science el trabajo, la cronología inca tradicional se ha derrumbado. El imperio parece haber durado más de lo que permitía el registro colonial, y encontró más resistencia al expandirse de lo que describen los relatos escritos.
El hallazgo sigue a trabajos anteriores en Machu Picchu. Un equipo dirigido por el arqueólogo de Yale Richard Burger dató restos humanos recuperados durante excavaciones de principios del siglo XX en la finca real del emperador Pachacuti. Sus resultados de espectrometría de masas con acelerador, publicados en Antiquity, indicaron que el sitio estuvo en uso desde aproximadamente el año 1420 d. C. hasta aproximadamente el 1530 d. C., al menos 20 años más antiguo de lo que sugería el registro aceptado.
Burger sostuvo que la discusión sobre el desarrollo inca basada principalmente en documentos coloniales necesita revisión. En su opinión, los métodos modernos de radiocarbono ofrecen una base más firme que los registros históricos para comprender la cronología inca.
Por qué el sistema vial fue una buena prueba
Las carreteras son útiles para la datación porque fueron construidas, usadas y abandonadas según un calendario que deja rastros físicos. Las muestras tomadas en muchos puntos a lo largo del Qhapaq Ñan permitieron a los investigadores comparar asentamientos en diferentes regiones en lugar de confiar en una única narrativa.
Si la red se terminó antes y se mantuvo bajo más presión de lo que dicen los relatos, entonces también cambian las estimaciones sobre cómo el estado inca gravaba el trabajo, movía mercancías y controlaba provincias. Los arqueólogos ahora tienen un marco datado para contrastar con la historia escrita, región por región.